Desde el punto de vista médico y psicológico, la sexualidad es un conjunto esencial para el equilibrio personal. Los seres humanos deben abordarla sin complejos, acompañada de información que permita ejercer libre y responsablemente su conducta sexual y tenga como límite el respeto. La reivindicación de una sexualidad como fuente de placer y equilibrio psíquico, va más allá de la de la simple reproducción biológica. El oscurantismo ideológico y moral, no ha desaparecido del todo.
En las personas la conducta sexual está condicionada por factores genéticos, hormonales, culturales, éticos, geográficos, religiosos, educativos, temperamentales, etc. Es muy difícil establecer una frontera objetiva entre la normalidad y la anormalidad.
En lo que respecta a conductas sexuales hay diferentes valoraciones:
- A nivel sociológico son anormales las conductas que difieren de aquellas aceptadas socialmente.
- A nivel médico son anormales las conductas poco naturales e insanas.
- La Psicología sexológica considera sexualmente anormal todo lo que atenta contra la libertad de las personas o lo que al individuo le produce sensación de culpa, angustia o depresión.
En el desarrollo sexual hay que analizar: la identidad sexual, el papel sexual y la orientación sexual.
También hay que analizar las cuatro fases de la función sexual: el deseo, la excitación ante el objeto del deseo, el orgasmo o descarga de esa excitación, y la resolución o recuperación del organismo a la fase previa a la excitación.
La falta de educación sexual adecuada origina creencias falsas y conflictos internos, que dan lugar a una mitología sexual que nos empobrece como personas.
Siguiendo con la clasificación de los manuales DSM IV y CIE 10, se distinguen los siguientes trastornos psicosexuales.
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